Operativo. Celdas de pesos pesados encerrados en varios centros de reclusión allanaron desde el martes. Incautación. Intervinientes requisaron teléfonos y otros objetos que podrían ayudar en las pesquisas.

Las celdas de tres pesos pesados asociados con el crimen organizado fueron revisadas desde el pasado martes hasta ayer por agentes policiales que investigan el crimen del que fue víctima el fiscal Marcelo Pecci, cometido en Cartagena, Colombia.

Los intervinientes ejecutaron los procedimientos de manera sorpresiva en la Agrupación Especializada, en la cárcel de Tacumbú y en Emboscada.

Una fuente investigativa confirmó a ÚH que la celda del libanés Kassem Mohamad Hijazi fue una de las visitadas por los intervinientes.

El hombre está en proceso de extradición a los Estados Unidos, que lo requiere por delitos relacionados al lavado de dinero para financiamiento del terrorismo. Fue detenido en Ciudad del Este y el fiscal Pecci tuvo activa participación para ello, indicaron los investigadores.

Actualmente, el hombre se encuentra recluido en la Agrupación Especializada, bajo estrictas medidas de seguridad.

En la Penitenciaría de Emboscada llegaron hasta la celda del colombiano Marcelo Raymond Díaz Vélez, quien cayó con más de 400 kilos de cocaína en Presidente Hayes en el 2019. La droga era procedente de Bolivia y la detención también estuvo a cargo del malogrado fiscal.

El lugar de reclusión de Waldemar Pereira Rivas, alias Cachorrão, fue otro de los sitios donde llegaron los intervinientes. El mismo se encuentra en prisión por el crimen del periodista Leo Veras, ocurrido en Pedro Juan Caballero.

Las autoridades policiales manejan con mucho hermetismo el caso, pero trascendió que fueron incautados teléfonos celulares, agendas y otros elementos que podrían aportar datos importantes a la investigación.

HIPÓTESIS

El comisario Sergio Insfrán, que fue enviado a Cartagena para acompañar la investigación de sus pares colombianos, confirmó desde aquel país que los operativos buscan encontrar alguna evidencia que pueda sustentar una de las principales hipótesis, de que el crimen fue planeado por referentes del crimen organizado internacional.

«Por las características del crimen, que incluyeron disparos en el rostro, creemos que se trata de una represalia por una reciente investigación que Pecci hizo con la DEA y que golpeó a Hezbolá. Se trata de un grupo extremista que está hace tiempo en la región y en Colombia hay una célula», expresó una fuente al periódico colombiano El Tiempo.

El general Jorge Luis Vargas, director de Policía de Colombia, confirmó que siguen trabajando arduamente en la zona del hotel Decameron, en la isla Barú, donde se registró el hecho de sicariato, buscando información de los gatilleros a sueldo que cometieron el crimen. Los uniformados recorren las calles mostrando el identikit de uno de ellos, para buscar dar con su paradero.

Fotos publicadas en las redes podrían dar pistas

Agentes federales e investigadores de Colombia se encuentran analizando las fotos que se tomaron el fiscal Marcelo Pecci y su esposa en su recorrido por Cartagena y obtuvieron pistas en prosecución de la investigación, de acuerdo con un medio colombiano.

El general Jorge Luis Vargas confirmó que se están verificando las imágenes publicadas en la red social Instagram, a través de la unidad cibernética de la Fiscalía y con el trabajo de otros expertos.

Los investigadores apuntan a que alrededor de cinco personas estuvieron siguiendo los pasos de la pareja durante su estadía en el hotel ubicado en isla Barú, que cuenta con una playa privada.

“Entre cuatro y cinco personas hicieron el mismo recorrido que la pareja”, confirmó la fiscala Alicia Sapriza, una de las principales investigadoras del caso. La periodista Claudia Aguilera, esposa del fiscal Pecci, ya estuvo declarando por varias horas a los fiscales de Colombia y de Paraguay.

Los intervinientes buscan a una persona de 1,74 m de estatura, de tez trigueña y con acento caribeño; se presume que podrían ser venezolanos los autores materiales.

Los dos sicarios habrían llegado a Cartagena aparentando ser turistas. Luego habrían pasado a la isla Barú, donde se mezclaron con los visitantes y pasaron desapercibidos.

La información con la que se cuenta es que los sospechosos alquilaron una moto acuática en el balneario de playa Blanca, próximo al lugar donde se encontraba la pareja. Lo rentaron por media hora, pero 16 minutos después ya la devolvieron.

Luego de cometer el hecho de sicariato, para la huida hay dos versiones. Una de ellas es que fueron recogidos por una lancha, que abordaron un vehículo con dirección a Cartagena. La otra es que se cambiaron las ropas que llevaban y se perdieron entre la multitud de veraneantes que se encontraban por la zona.

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